La ciberseguridad se ha convertido en un tema crítico en el entorno empresarial actual, aunque su éxito a menudo pasa desapercibido. Mientras que otras áreas de negocio pueden mostrar resultados tangibles, como mayores ventas o una reducción en el tiempo de lanzamiento de productos, la labor de la ciberseguridad suele manifestarse en la ausencia de incidentes, lo que dificulta justificar las inversiones en esta área ante las prioridades económicas más competitivas. Este fenómeno revela un dilema persistente: cómo medir el valor de una función que, al operar eficazmente, parece invisible.
Los sistemas de ciberseguridad funcionan para evitar que pequeñas irregularidades se conviertan en crisis importantes, tal como un cinturón de seguridad en un automóvil que pasa desapercibido durante un viaje sin inconvenientes. Sin embargo, cuando ocurre un fallo, las consecuencias pueden ser devastadoras y de gran visibilidad, generando costes significativos en poco tiempo. Así, la dificultad para justificar la inversión en medidas de seguridad frente a otras áreas de negocio se convierte en un desafío real para los responsables de ciberseguridad.
En un reciente estudio, se indicó que el crecimiento del presupuesto de seguridad cibernética se había reducido al 4%, el nivel más bajo en cinco años, lo que evidencia la competencia feroz por recursos dentro de las organizaciones. Esta situación se complica aún más cuando, tras algunos años sin incidentes significativos, los ejecutivos tienden a creer que sus niveles de gasto en seguridad son adecuados, lo que puede resultar en una subestimación del riesgo real que enfrentan.
Abordar la cuestión del valor de la ciberseguridad requiere un cambio de paradigma. En lugar de centrarse en lo que no sucedió, es importante considerar lo que la seguridad permite a la organización lograr. Esto implica apreciar la capacidad para operar en un entorno incierto donde los competidores pueden encontrar dificultades. Este enfoque no solo ofrece una medida más positiva del impacto de la seguridad, sino que también resalta su papel fundamental en la creación de oportunidades de negocio.
La realidad de la ciberseguridad a menudo es dura, especialmente para las pequeñas empresas que carecen de los recursos necesarios para establecer una estructura de seguridad robusta. Sin embargo, existen soluciones como el modelo de Detección y Respuesta Gestionada (MDR), que brinda a estas organizaciones la oportunidad de contar con una cobertura continua similar a la de grandes empresas, permitiendo una respuesta rápida ante cualquier señal de actividad sospechosa.
Invertir en ciberseguridad no solo previene pérdidas y protege los activos más sensibles de la organización, sino que también se traduce en una mayor confianza por parte de los clientes y cumplimiento de regulaciones. A largo plazo, estos beneficios son fundamentales para el crecimiento organizacional, ya que abren la puerta a nuevas oportunidades de mercado y mejoran la línea de fondo.
La reflexión final es clara: cuando todos en una empresa pueden realizar sus tareas diarias sin interrupciones, puede que haya un gran trabajo de ciberseguridad en marcha, sumando un valor que no siempre es fácilmente medible, pero que resulta esencial para la continuidad y éxito del negocio.
Fuente: WeLiveSecurity by eSet.

