La llamada ciberestafa emocional se apoya en el love bombing o “bombardeo de amor”, una estrategia psicológica que busca generar en muy poco tiempo una conexión afectiva intensa con la víctima para manipularla y obtener dinero u otros beneficios. A esta forma de seducción emocional se suma ahora el impacto de la inteligencia artificial generativa (IAG), que potencia notablemente la capacidad de engaño.
Según el Informe de prospectives de ciberseguretat 2026 de la Agencia de Ciberseguridad de Cataluña, las estafas ya concentran el 90,9 % de la ciberdelincuencia en la comunidad. Cada día se registran unas 200 denuncias por ciberestafa, lo que equivale a una cada seis minutos. Las previsiones de la agencia coinciden con las advertencias de los especialistas en estafas emocionales: la IAG permite automatizar la creación de perfiles falsos y conversaciones creíbles, además de facilitar la manipulación psicológica mediante técnicas de ultrafalsificación como los deepfakes o la suplantación de voz e imagen. Este escenario tecnológico favorable para los delincuentes apunta a un incremento de los delitos vinculados a ciberestafas, que en 2024 alcanzaron las 71.772 infracciones registradas.
Las características específicas de las estafas basadas en el bombardeo de amor centrarán una jornada organizada por el máster universitario de Ciberdelincuencia de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Bajo el título “De la intimidad al fraude: anatomía de las estafas románticas en la era digital”, el encuentro se celebrará el 9 de febrero y abordará el fenómeno desde una perspectiva multidisciplinar. El análisis incluirá el enfoque jurídico, para valorar la respuesta del sistema penal; el psicológico, para comprender los mecanismos que facilitan el engaño; y el criminológico, con el fin de estudiar el modo de operar de los estafadores, los factores de riesgo y las estrategias de prevención.
Presentada por la profesora de criminología de la UOC y directora del máster universitario de Ciberdelincuencia, Patricia Hernández, la jornada contará con la participación de varios expertos: Jone Martínez, doctora en Psicología y psicóloga general sanitaria de la Universidad Autónoma de Madrid; Mariona Llobet, profesora de derecho penal de la Universidad Pompeu Fabra; Bruno Pérez, perito judicial informático forense, y Blanca Frías, presidenta de la asociación ANCEME, de víctimas de estafas emocionales.
Una estrategia perversa que anula a las víctimas
Patricia Hernández explica que el bombardeo de amor anula la capacidad de autoprotección de las víctimas. Esto supone un reto para abordar dicha ciberestafa: «Las personas confunden la intensidad con un interés amoroso real; entran en una telaraña de dependencia emocional, de la cual después es muy difícil salir». La profesora de la UOC destaca que se despliega «una estrategia perversa para que la manipulación llegue al cerebro y anule a la víctima cognitivamente: se juega con la bioquímica cerebral y, una vez se entra en esta adicción a la adrenalina y las hormonas del placer, cuesta mucho desengancharse».
Sobre la irrupción de la IAG en este tipo de ciberestafa, la experta advierte de que un chatbot puede generar perfiles e historias convincentes en cuestión de segundos. Los criminales dedican este tiempo a llegar a muchas más víctimas, por lo que hay una escalada de expansión del fenómeno. «La IA va mucho más rápido de lo que el ser humano puede integrar, y esto hace que el efecto y el alcance de este tipo de estafas puedan llegar a ser exponenciales».
El peligro de revictimizar a las víctimas
A escala judicial, se trata de una ciberestafa que no es nada fácil de abordar. De hecho, en la mayoría de los casos, incluso se archiva o entra en vía muerta. «La víctima se siente avergonzada y muy herida en su autoestima. A menudo, la opción es esconder la herida y no denunciar para no sentirse juzgada por la sociedad y por el propio sistema de justicia», apunta Hernández, quien avisa de que «el sistema judicial las revictimiza». «Como el dinero se entrega ‘voluntariamente’, es difícil demostrar el engaño judicialmente, por lo que hay que interpretarlo desde un punto de vista más amplio», explica. Por este motivo, la experta considera que es necesario que la sociedad sea más «compasiva» con las víctimas de un tipo de estafa al que todos podemos estar expuestos en algún momento de la vida.
Fuente: UOC

