LaLiga amplía sus bloqueos a VPN y reabre el debate sobre la libertad en internet

La guerra de LaLiga contra la piratería del fútbol ha entrado en una fase nueva y mucho más controvertida. Tras lograr medidas cautelares contra NordVPN y ProtonVPN en un juzgado mercantil de Córdoba, la patronal del fútbol no solo refuerza su capacidad para bloquear accesos durante los partidos, sino que vuelve a colocar en el centro del debate una pregunta incómoda: hasta qué punto la defensa de los derechos audiovisuales puede justificar cortes que terminan afectando también a miles de webs y servicios completamente legítimos.

LaLiga presentó estas medidas como una respuesta necesaria para impedir que los usuarios eludan con VPN los bloqueos ya existentes sobre direcciones IP asociadas a emisiones ilegales. El juzgado aceptó esa tesis y ordenó a ambos proveedores bloquear determinadas IPs de forma inmediata, además de permitir un sistema de actualización dinámica de nuevas direcciones. Desde el punto de vista de LaLiga, se trata de cerrar una vía de escape tecnológica en su estrategia antipiratería. Desde el punto de vista de muchos usuarios, juristas y empresas de internet, el problema es otro: el remedio vuelve a amenazar con ser más amplio que el daño que pretende corregir.

La crítica no se apoya solo en una sensación difusa de abuso. El Gobierno ha reconocido ya por escrito que los bloqueos de LaLiga están teniendo “efectos colaterales” sobre el acceso a internet, una admisión relevante porque hasta hace poco este era un debate dominado sobre todo por usuarios, medios especializados y empresas afectadas. El Ejecutivo mantiene además “diálogo activo” sobre esta situación, lo que sugiere que el asunto ha dejado de ser una simple disputa técnica para entrar de lleno en el terreno político y regulatorio.

De la piratería al bloqueo de infraestructuras compartidas

La gran objeción a esta estrategia no es que se persiga el fútbol pirata, algo que nadie discute seriamente, sino cómo se está persiguiendo. Desde 2025, buena parte de los bloqueos vinculados a LaLiga se ha apoyado en direcciones IP de infraestructuras compartidas, especialmente servicios como Cloudflare, donde una misma IP puede alojar o proteger a un gran número de webs ajenas por completo a la piratería. El resultado es que, cuando se corta una de esas IPs, no solo cae la página señalada, sino también otras muchas que no tienen ninguna relación con la retransmisión ilegal de partidos.

Ese efecto ya no es una simple hipótesis. Cloudflare llevó a los tribunales a LaLiga por estos bloqueos indiscriminados y ha denunciado públicamente que la estrategia de la patronal afecta a usuarios corrientes y a páginas legales durante los partidos. Associated Press recogió incluso la posición de la compañía con una frase bastante dura: Cloudflare sostiene que LaLiga cree que sus intereses comerciales pueden estar por encima del derecho de los usuarios españoles a navegar por sitios legales durante los encuentros.

La ampliación de esa lógica a las VPN agrava el problema porque ya no se limita a la infraestructura web clásica. Ahora se intenta que también servicios pensados para proteger privacidad, teletrabajo o acceso seguro a redes queden obligados a ejecutar bloqueos de direcciones marcadas por LaLiga. Para la patronal, eso es cerrar el círculo. Para los críticos, es un paso más hacia un modelo de control de acceso que amenaza la neutralidad de la red y la libertad de uso de herramientas tecnológicas perfectamente legítimas.

Un precedente delicado para la libertad en internet

En un medio generalista conviene decirlo de forma clara: el problema aquí no es solo jurídico o empresarial. También es un problema de libertad digital. Cuando el acceso a servicios legales se corta porque comparten IP con un objetivo perseguido, o cuando se obliga a intermediarios a bloquear dinámicamente nuevas direcciones sin un control judicial individualizado caso por caso, la frontera entre persecución de la piratería y restricción excesiva del acceso a internet empieza a volverse muy difusa.

Eso explica que la polémica haya ido más allá de los foros técnicos. Medios, activistas y empresas del sector llevan meses denunciando que esta estrategia se parece demasiado a “matar moscas a cañonazos”: una respuesta tan amplia que termina golpeando a terceros inocentes. Y esa crítica gana fuerza cuando la propia Administración admite daños colaterales y cuando compañías como Cloudflare ya han llevado el conflicto a los tribunales.

También hay una cuestión de precedente. Si hoy se normaliza que una organización privada impulse bloqueos dinámicos sobre VPN, CDNs o servicios de infraestructura porque considera que facilitan el acceso a contenidos ilícitos, mañana otros titulares de derechos podrían intentar fórmulas similares. El riesgo no es solo que se bloquee demasiado durante los partidos; el riesgo es que se consolide un marco donde la excepción se convierta en práctica habitual. Esa proyección futura es, por ahora, una inferencia razonable a partir del precedente abierto, no un hecho consumado, pero precisamente por eso preocupa tanto a quienes siguen este debate.

¿Habrá más demandas? Todo apunta a que sí

Hablar de futuras demandas ya no suena alarmista, sino bastante plausible. Cloudflare ya litigó contra LaLiga por los bloqueos masivos y la tensión judicial sigue viva. Además, el conflicto ha salido de España y ya ha generado movimientos similares en Francia, donde LaLiga ha presumido de una resolución que afecta también a VPN, DNS públicos y otros intermediarios técnicos. Cuanto más se extienda este enfoque de actuar contra toda la infraestructura que rodea al contenido pirateado, mayor será también la probabilidad de que más actores —tecnológicos, empresariales o incluso institucionales— terminen respondiendo en los tribunales.

En otras palabras, la batalla ya no enfrenta solo a LaLiga con webs piratas. Ahora se está librando también contra proveedores de infraestructura, servicios de privacidad y empresas tecnológicas que sostienen buena parte del tráfico legítimo de internet. Y eso cambia la escala del conflicto: deja de ser una discusión sobre fútbol para convertirse en una discusión sobre cómo se gobierna la red cuando los intereses comerciales chocan con derechos digitales básicos.

LaLiga insiste en que sus medidas tienen aval judicial, son proporcionadas y están limitadas al combate contra el fraude audiovisual. Sus críticos responden que, mientras tanto, el coste lo están pagando miles de webs legítimas y usuarios que ni ven fútbol pirata ni tienen relación alguna con esas emisiones. Entre ambas posiciones, lo que queda ya no es solo una guerra contra la piratería: es un choque directo entre propiedad intelectual, infraestructura de internet y libertad de acceso.

Preguntas frecuentes

¿Qué han conseguido exactamente LaLiga y Telefónica contra NordVPN y ProtonVPN?
Han obtenido medidas cautelares de un juzgado mercantil de Córdoba para que ambas VPN bloqueen determinadas direcciones IP vinculadas a emisiones ilegales y, además, puedan recibir nuevas IPs para bloqueo dinámico.

¿Por qué se habla de webs legítimas afectadas por los bloqueos?
Porque muchos de los bloqueos se aplican sobre IPs compartidas por infraestructuras como Cloudflare, lo que puede dejar inaccesibles páginas y servicios legales que usan esas mismas direcciones.

¿Ha reconocido el Gobierno que existen daños colaterales?
Sí. El Gobierno ha admitido por escrito que los bloqueos de LaLiga están teniendo “efectos colaterales” en el acceso a internet y mantiene diálogo sobre esta situación.

¿Puede haber más demandas por estos bloqueos?
Es una posibilidad real. Cloudflare ya llevó a los tribunales a LaLiga por los bloqueos indiscriminados, y la extensión de estas medidas a más intermediarios aumenta la probabilidad de nuevos conflictos judiciales.

fuente: Los 16 dominios y 14 IPs del auto que acorrala a NordVPN por LaLiga

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