En los últimos años, el uso de chatbots de inteligencia artificial ha crecido exponencialmente, especialmente entre los más jóvenes. Plataformas como ChatGPT afirman contar con alrededor de 700 millones de usuarios semanales, muchos de los cuales son niños. Según un estudio realizado en el Reino Unido en julio de 2025, casi dos tercios de los niños utilizan herramientas de este tipo, generando preocupación entre los padres, quienes temen que sus hijos puedan pensar que estos chatbots son verdaderas personas.
Este fenómeno ha desatado un debate sobre la seguridad, la privacidad y el desarrollo emocional de los niños. La realidad es que el uso de estas tecnologías plantea varios riesgos. Los niños, en pleno desarrollo emocional y cognitivo, pueden llegar a confiar en los chatbots como si fueran amigos cercanos, lo que podría llevar a la reducción de sus interacciones sociales genuinas. Esta dependencia podría aumentar su aislamiento social y, en el peor de los casos, hacer que los chatbots perpetúen problemas graves como trastornos alimentarios o pensamientos suicidas.
Además, existe la preocupación de que los niños puedan acceder a contenido inapropiado. Aunque los proveedores de chatbots implementan medidas de seguridad para limitar el acceso a material peligroso, estas no son infalibles. Los niños más aventureros pueden encontrar formas de eludir estas barreras, accediendo así a información que no deberían.
Otro aspecto preocupante es la desinformación. Los chatbots pueden presentar información errónea de manera convincente, lo que podría llevar a decisiones perjudiciales en cuestiones médicas o de relaciones personales. Asimismo, los riesgos de privacidad son elevados; si un niño introduce información sensible, esta puede ser almacenada y susceptible de ser accesible por terceros.
Los padres deben estar atentos a ciertas señales que pueden indicar que sus hijos tienen una relación poco saludable con los chatbots. Entre las banderas rojas se encuentran la disminución del tiempo dedicado a actividades extracurriculares, la ansiedad cuando no pueden acceder al chatbot, y la tendencia a tratar al chatbot como una persona real. También es importante monitorear si discuten información falsa como si fuera verdad o si consultan al chatbot sobre temas graves, como problemas de salud mental.
Dado que muchos chatbots están restringidos a usuarios de más de 13 años, es vital que los padres tomen un papel activo en la supervisión del uso de estas tecnologías. La comunicación abierta es clave. Mantener un diálogo en el que los niños se sientan cómodos compartiendo sus experiencias puede ser más efectivo que cualquier control técnico. Es fundamental que los padres les expliquen los peligros asociados con el uso excesivo, la desinformación, la compartición de datos y la dependencia de los chatbots para resolver problemas serios.
Además, se recomienda establecer políticas que limiten el uso de chatbots y posibles restricciones a plataformas adecuadas para su edad. Activar controles parentales y revisar regularmente la configuración de privacidad puede ayudar a mitigar los riesgos.
Es esencial que los niños tengan a los humanos en el centro de su mundo emocional. Si bien los chatbots pueden ser herramientas útiles, su uso debe ser cuidadosamente monitoreado hasta que los niños desarrollen una relación saludable con ellos. La interacción humana nunca debe ser sustituida por una máquina.
Fuente: WeLiveSecurity by eSet.

