Escuelas y universidades en el radar del cibercrimen: cómo hacer frente a ataques cada vez más sofisticados

En el ámbito educativo, la ciberseguridad va mucho más allá de proteger la reputación de las instituciones o reducir posibles pérdidas económicas. Su función es también salvaguardar el bienestar de los estudiantes y asegurar que niños, adolescentes y jóvenes puedan continuar su formación en un entorno seguro que favorezca el desarrollo de todo su potencial académico. Sin embargo, colegios, institutos y universidades se enfrentan a un escenario cada vez más complejo, en el que los recursos disponibles para hacer frente a las amenazas digitales resultan insuficientes ante atacantes cada vez más rápidos y sofisticados.

De acuerdo con ESET, las organizaciones educativas se han convertido en un objetivo prioritario para los ciberdelincuentes debido a diversos factores, entre ellos el aumento de la complejidad de sus infraestructuras tecnológicas, las limitaciones presupuestarias destinadas a la ciberseguridad y el elevado volumen de información sensible que almacenan en sus sistemas.

“La educación es un pilar esencial para la sociedad y cualquier interrupción de su actividad puede generar consecuencias que trascienden el ámbito económico. Por ello, es imprescindible que los centros educativos cuenten con herramientas y procedimientos que les permitan identificar y responder con rapidez ante cualquier incidente de seguridad”, señala Josep Albors, director de investigación y concienciación de ESET España.

Un sector bajo presión constante

Los expertos de ESET señalan que los grupos de ransomware representan una de las principales amenazas para las instituciones educativas. Estos ataques pueden paralizar la actividad académica durante días o semanas, además de provocar la exposición de información sensible.

A ello se suman otras amenazas como el robo de datos para cometer fraude de identidad, los ataques de compromiso del correo electrónico corporativo (BEC), las campañas de phishing dirigidas contra personal administrativo y docente, o los intentos de acceso a investigaciones y propiedad intelectual desarrolladas en entornos universitarios.

La situación se complica aún más debido a la creciente profesionalización del cibercrimen. Los modelos de ransomware como servicio (RaaS), la comercialización de credenciales robadas o los servicios de infostealer-as-a-service facilitan que incluso actores con conocimientos limitados puedan lanzar campañas de ataque eficaces.

Además, la inteligencia artificial está contribuyendo a automatizar tareas como la ingeniería social, la identificación de objetivos o la búsqueda de vulnerabilidades, aumentando la capacidad operativa de los atacantes.

¿Por qué es tan difícil proteger los entornos educativos y cuál es el papel de la detección y respuesta gestionadas?

Según ESET, muchos centros educativos operan en entornos especialmente complejos desde el punto de vista de la seguridad. Las instituciones suelen combinar infraestructuras locales y servicios en la nube, acceso remoto, dispositivos personales de estudiantes y profesores, así como una amplia variedad de aplicaciones y herramientas digitales. A ello se añade una gran diversidad de usuarios y, en muchos casos, equipos de TI que deben gestionar múltiples responsabilidades con recursos limitados.

La falta de cobertura continua fuera del horario lectivo, durante fines de semana o periodos vacacionales, puede incrementar además el tiempo que un atacante permanece dentro de los sistemas antes de ser detectado”, añade Albors.

Ante este escenario, ESET destaca las ventajas de los servicios de detección y respuesta gestionadas (MDR, por sus siglas en inglés), una modalidad que permite a las organizaciones externalizar parte de las tareas de detección, investigación y respuesta ante amenazas.

Gracias a este modelo, las instituciones educativas pueden contar con supervisión continua durante las 24 horas del día, los siete días de la semana, lo que facilita la identificación temprana de comportamientos sospechosos y la contención de incidentes antes de que provoquen daños mayores.

Los proveedores especializados también aportan capacidades avanzadas de análisis, inteligencia de amenazas y equipos de profesionales capaces de interpretar el contexto de los incidentes y reducir los falsos positivos.

Qué aspectos debe valorar un centro educativo

Desde ESET recuerdan que no todos los servicios MDR ofrecen las mismas capacidades y recomiendan prestar atención a varios factores antes de adoptar una solución:

  • Verificar que el servicio se adapte a las características específicas del entorno tecnológico de la organización.
  • Confirmar que exista cobertura continua 24/7/365.
  • Evaluar las capacidades de detección, respuesta y remediación disponibles.
  • Asegurarse de que el proveedor dispone de equipos especializados en inteligencia de amenazas y threat hunting.
  • Comprobar la integración con las herramientas y procesos internos de TI.
  • Revisar el cumplimiento de los requisitos regulatorios relacionados con privacidad, almacenamiento y conservación de los datos.

Para ESET, la ciberseguridad debe entenderse como un elemento esencial para garantizar la continuidad de la actividad educativa y proteger el acceso de estudiantes y docentes a los recursos necesarios para el aprendizaje. “La recuperación tras una brecha de seguridad puede tener un coste económico importante, pero en el ámbito educativo el mayor impacto suele producirse cuando la actividad académica se ve interrumpida. Proteger estos entornos significa proteger también las oportunidades de aprendizaje y desarrollo de miles de estudiantes”, concluye Albors.

Scroll al inicio