El 64% de las organizaciones españolas encuestadas por Proofpoint ya ha probado o incorporado agentes autónomos, mientras que un 32% reconoce haber sufrido o sospecha haber sufrido algún incidente de seguridad relacionado con la inteligencia artificial.
La creciente incorporación de agentes de inteligencia artificial en las empresas está transformando la manera de trabajar, pero también está abriendo la puerta a nuevas amenazas de ciberseguridad. A diferencia de los sistemas tradicionales, que se limitan principalmente a responder consultas, estas herramientas pueden interpretar instrucciones, tomar decisiones y ejecutar acciones de forma autónoma en aplicaciones de correo electrónico, plataformas de colaboración y otros entornos corporativos.
Esta evolución tecnológica está obligando a las organizaciones a revisar sus estrategias de protección, especialmente ante los riesgos derivados de la interacción entre los empleados, la información confidencial y los sistemas automatizados. Así lo advierte Proofpoint, compañía especializada en ciberseguridad centrada en personas y agentes, que señala la necesidad de establecer nuevos mecanismos de vigilancia y control.
La implantación de esta tecnología avanza rápidamente en España. Según los datos recopilados por la compañía, el 64% de las organizaciones españolas participantes en su investigación ha experimentado con agentes autónomos o ya los ha puesto en funcionamiento. Sin embargo, esta adopción también viene acompañada de incidentes: el 32% de las entidades encuestadas asegura haber detectado o sospechado algún problema de seguridad vinculado con la IA.
La filtración de datos y la manipulación de instrucciones, entre las principales amenazas
Uno de los mayores peligros asociados a la inteligencia artificial agéntica es la denominada inyección de prompts, una técnica mediante la cual los ciberdelincuentes introducen instrucciones maliciosas en documentos, mensajes o contenidos que posteriormente son procesados por un agente de IA. De esta manera, pueden intentar alterar su comportamiento y provocar respuestas o acciones no previstas.
A esta amenaza se suman otras como la exposición de información confidencial a través de consultas y archivos compartidos, la ejecución de operaciones que exceden los permisos previstos, la alteración de procesos empresariales y la utilización de herramientas de inteligencia artificial que no cuentan con autorización de la organización.
También preocupa la capacidad de los agentes para delegar funciones en otros sistemas autónomos, ya que estas interacciones pueden dificultar la supervisión de las decisiones y aumentar el riesgo de que se produzcan actuaciones contrarias a las políticas de seguridad de una compañía.
Los investigadores de Proofpoint advierten de que el verdadero problema aparece cuando un agente interpreta incorrectamente una orden, accede a información restringida o ejecuta una operación sin contar con la autorización necesaria. Por ello, consideran fundamental que las empresas puedan comprobar las decisiones de estas herramientas antes de que se materialicen y dispongan de mecanismos para detenerlas o investigar posibles comportamientos irregulares.
El correo electrónico concentra buena parte de los incidentes
Las comunicaciones empresariales se han convertido en uno de los principales puntos de exposición a estas amenazas. El correo electrónico, las plataformas colaborativas y los documentos compartidos constituyen canales especialmente sensibles, puesto que concentran intercambios de información entre trabajadores y sistemas de inteligencia artificial.
Un estudio elaborado por Proofpoint en 2026 refleja que, entre las organizaciones españolas que comunicaron incidentes relacionados con la IA, el 74% identificó alguna vinculación con el correo electrónico. Por su parte, un 56% señaló incidentes asociados a agentes de inteligencia artificial, mensajes SMS y plataformas sociales.
Estos datos ponen de manifiesto la importancia de reforzar la protección de los canales de comunicación, donde pueden circular enlaces fraudulentos, documentos manipulados o instrucciones diseñadas para influir en el funcionamiento de los agentes autónomos.
Las empresas necesitan mayor control sobre las decisiones de los agentes de IA
Ante este escenario, los especialistas consideran imprescindible adoptar una estrategia de ciberseguridad que abarque tanto a los empleados como a los datos, las aplicaciones y los propios agentes inteligentes.
Una de las primeras medidas consiste en identificar todas las herramientas de inteligencia artificial utilizadas dentro de la organización, conocer los permisos de los que disponen y determinar a qué información pueden acceder. También resulta necesario establecer qué operaciones requieren una validación humana antes de ejecutarse.
La supervisión del comportamiento de los agentes es otro de los aspectos fundamentales. Los sistemas tradicionales basados en reglas fijas pueden resultar insuficientes para identificar ataques que evolucionan constantemente. Por este motivo, Proofpoint recomienda vigilar los patrones de instrucciones sospechosas, los accesos poco habituales a información corporativa y los movimientos de datos que se alejen del funcionamiento normal de la empresa.
Además, los agentes autónomos deberían disponer únicamente de los permisos imprescindibles para desarrollar sus funciones. Esta limitación permitiría reducir las consecuencias de posibles errores, manipulaciones o accesos indebidos.
La protección de los datos sensibles, una prioridad
La prevención de fugas de información constituye otro de los grandes retos asociados a la expansión de la IA agéntica. Las empresas deben contar con herramientas capaces de detectar contenido confidencial tanto en las instrucciones que reciben los sistemas como en los archivos que se incorporan, las respuestas generadas y las operaciones ejecutadas automáticamente.
Junto a estas medidas, los expertos destacan la importancia de mantener registros que permitan reconstruir las actuaciones de los agentes y determinar qué ha sucedido cuando se produce un incidente. Esta trazabilidad resulta esencial para facilitar las investigaciones, reforzar el cumplimiento normativo y perfeccionar los protocolos internos de seguridad.
El avance de la inteligencia artificial autónoma ofrece nuevas oportunidades para mejorar la productividad y automatizar procesos empresariales, pero también exige una transformación de los modelos de protección digital. El principal desafío para las organizaciones será aprovechar las capacidades de estos sistemas sin perder el control sobre sus decisiones, los datos que manejan y las acciones que realizan en su nombre.
Los resultados del informe AI and Human Risk Landscape 2026, publicado por Proofpoint, reflejan precisamente esa distancia entre la velocidad de adopción de la inteligencia artificial y la preparación de las empresas para afrontar sus riesgos.

